viernes, 16 de diciembre de 2011
Dices que el sofá te trata bien aunque sea un poco frio
La cama no está mal aunque no estés
Lo hecho, hecho esta y la verdad hicimos mucho daño
No busco a quien culpar, ya para que
Presiento que no hay marcha atrás
Sé que esta vez no hay marcha atrás
Antes de que echemos las maletas a la calle
Y bajemos el telón
Si tú te vas y yo me voy, esto ya es en serio
Si tú te vas y yo me voy, ¿con quién se queda el perro?
Si no me ves llorar es solo que mi orgullo no me deja
Me cuesta imaginar que no estarás
Termino de empacar sintiendo que no queda otra salida
jueves, 15 de diciembre de 2011
Lo nuevo en cirugía para el dolor.
Al entrar al consultorio estaba segura de la decisión que había premeditado hace poco menos de un mes, después de todo ya no quería seguir sintiendo ese tipo de dolor que en realidad no me servía de nada; sólo estaba ahí y no se iba, estorbándome, impidiendo ver lo que el sol iluminaba, haciendo que toda la comida me supiera igual, dándole vueltas tal si fuera carrusel a un penita tan estúpida como los autores de la misma. No tenía caso. Tomé una revista y no encontré nada interesante, la mire de punta a punta y justo el final de la página quedaba en mi cierre, al cual jamás le puse atención y decía : BEST escrito en dorado, pensé que era una señal.
-Sigues. Me anunció la mujer con cubrebocas.
-Ok. Asentí
Pasé a la habitación blanca. Como me choca ese color, dicen que es pureza, que es lo bueno que es la paz, yo creo que es el limbo, el vacío y la muerte.
-Acuestate.
Me acosté y ella comenzó a preparar sus herramientas en una mesita cerca de mi cuerpo, sólo veía algunas partes, tal vez no era tan valiente como lo pensaba, no quería mirar el filo reluciente, ni el tamaño de las agujas.
-No quiero que me duerma-. Anuncié.-Mire quiero ser parte de esto, no me sentiré plena si no estoy despierta durante el proceso, quiero sentir como se va, no me conformaría con dormir y al día siguiente dejar de sentir. Es muy fácil y ya que no tuve la paciencia de esperar a que desapareciera como mínimo pido escuchar, ver y despedirme de a fin de cuentas, una parte de mi.
-Eres valiente, pensé que no te gustaba la sangre.
-No me gusta, me repugna.
-Entonces?
-Ya le expliqué. Prometo no hacerlo díficil.
Colocó el foco sobre mi cuerpo y bajaba la cama donde estaba acostada, pude ver la jeringa.
-Tranquila.
-Esta bien, estoy bien.
Sentí un piquete en mi piel, mis venas se congelaron y un dolor suave se apoderó de esa área, mi corazón latía desbocado, trate de controlar mi respiración. Enseguida deje de sentir partes de mi cuerpo, no había dolor. ¡Bendita anestesia! Disfruté el momento y hasta la fecha sigue siendo un recuerdo magnifico.
-No llores Lizeth-. Me dijo. -¿Lizeth? Pero yo no me llamo así, supongo que no importa, me agrada el nombre de Lizeth, bueno por hoy y para ella seré Lizeth, suena bien incluso un poco mejor que Miriam- Pensé.
-Niña, trata de rocordar algo que no te agrade-. Me ordenó y yo sin ningún esfuerzo tomé unos cuantos malos recuerdos de mi álbum casi lleno de ellos.-Muy bien, tan joven y ya tienes una parte toda morada, costará algo de trabajo, yo digo que unos cuarenta minutos, lo normal son quince o veinte, los tuyos tienen dos raíces, habrá que partirlos en dos porque parecen dolores siameses.
-Niña, vas a escuchar algo que truena, es normal. Uno, dos...
-No cuente! dejé que truene y ya. Lo siento, me puse algo nerviosa.
-Te..
-No, ya. No vuelvo a intervenir.
Sacó un pedazo de algo y lo colocó en una charola. Después regresó a mi cuerpo y comenzó a hacer un ruidito extraño con una herramienta, empezó a oler a quemado, "vaya, no huele a carne asada" pensé y luego me eché a reír.
-Pasa algo?
-No, lo siento, luego le explico.
Esto está muy enganchado con el corazón, dios! mira el tamaño de esas raíces, nena tienes que cuidarte más, con razón querías cirugía, eso no iba a salir fácil, ni yendo de rodillas a la basílica de la virgen. CRAC! volvió a tronar y supe que se había terminado.
No sé, si fue por la perdida de un pedacito de corazón, pero me sentía más ligera y un poquito más feliz, ahora podía recordar sin sentir dolor, como una especie de robot, me pareció divertido. Ya no había nada, antes sólo tocarlo comenzaba a sangrar. A pesar de que me sentía mejor, tenía que tener cuidado con la herida que casi no se veía, pero si se sentía, no podía comer nada sólido durante tres días, ni bailar o cantar, ningún esfuerzo porque tardaría en cicatrizar. Si esto es algo de lo que me arrepentiré, creanme que vale la pena, no me quiero detener por este tipo de cosas, el mundo, la vida está aquí para mí, no hay espacio para el abismo, no me gusta, como ese color blanco.
-Sigues. Me anunció la mujer con cubrebocas.
-Ok. Asentí
Pasé a la habitación blanca. Como me choca ese color, dicen que es pureza, que es lo bueno que es la paz, yo creo que es el limbo, el vacío y la muerte.
-Acuestate.
Me acosté y ella comenzó a preparar sus herramientas en una mesita cerca de mi cuerpo, sólo veía algunas partes, tal vez no era tan valiente como lo pensaba, no quería mirar el filo reluciente, ni el tamaño de las agujas.
-No quiero que me duerma-. Anuncié.-Mire quiero ser parte de esto, no me sentiré plena si no estoy despierta durante el proceso, quiero sentir como se va, no me conformaría con dormir y al día siguiente dejar de sentir. Es muy fácil y ya que no tuve la paciencia de esperar a que desapareciera como mínimo pido escuchar, ver y despedirme de a fin de cuentas, una parte de mi.
-Eres valiente, pensé que no te gustaba la sangre.
-No me gusta, me repugna.
-Entonces?
-Ya le expliqué. Prometo no hacerlo díficil.
Colocó el foco sobre mi cuerpo y bajaba la cama donde estaba acostada, pude ver la jeringa.
-Tranquila.
-Esta bien, estoy bien.
Sentí un piquete en mi piel, mis venas se congelaron y un dolor suave se apoderó de esa área, mi corazón latía desbocado, trate de controlar mi respiración. Enseguida deje de sentir partes de mi cuerpo, no había dolor. ¡Bendita anestesia! Disfruté el momento y hasta la fecha sigue siendo un recuerdo magnifico.
-No llores Lizeth-. Me dijo. -¿Lizeth? Pero yo no me llamo así, supongo que no importa, me agrada el nombre de Lizeth, bueno por hoy y para ella seré Lizeth, suena bien incluso un poco mejor que Miriam- Pensé.
-Niña, trata de rocordar algo que no te agrade-. Me ordenó y yo sin ningún esfuerzo tomé unos cuantos malos recuerdos de mi álbum casi lleno de ellos.-Muy bien, tan joven y ya tienes una parte toda morada, costará algo de trabajo, yo digo que unos cuarenta minutos, lo normal son quince o veinte, los tuyos tienen dos raíces, habrá que partirlos en dos porque parecen dolores siameses.
-Niña, vas a escuchar algo que truena, es normal. Uno, dos...
-No cuente! dejé que truene y ya. Lo siento, me puse algo nerviosa.
-Te..
-No, ya. No vuelvo a intervenir.
Sacó un pedazo de algo y lo colocó en una charola. Después regresó a mi cuerpo y comenzó a hacer un ruidito extraño con una herramienta, empezó a oler a quemado, "vaya, no huele a carne asada" pensé y luego me eché a reír.
-Pasa algo?
-No, lo siento, luego le explico.
Esto está muy enganchado con el corazón, dios! mira el tamaño de esas raíces, nena tienes que cuidarte más, con razón querías cirugía, eso no iba a salir fácil, ni yendo de rodillas a la basílica de la virgen. CRAC! volvió a tronar y supe que se había terminado.
No sé, si fue por la perdida de un pedacito de corazón, pero me sentía más ligera y un poquito más feliz, ahora podía recordar sin sentir dolor, como una especie de robot, me pareció divertido. Ya no había nada, antes sólo tocarlo comenzaba a sangrar. A pesar de que me sentía mejor, tenía que tener cuidado con la herida que casi no se veía, pero si se sentía, no podía comer nada sólido durante tres días, ni bailar o cantar, ningún esfuerzo porque tardaría en cicatrizar. Si esto es algo de lo que me arrepentiré, creanme que vale la pena, no me quiero detener por este tipo de cosas, el mundo, la vida está aquí para mí, no hay espacio para el abismo, no me gusta, como ese color blanco.
sábado, 10 de diciembre de 2011
El gran espectador, Flavia Company

Teatro pobre, Gregori Maiofis
EL GRAN ESPECTADOR
Cuando Miriam conoció a Piotr tuvo la certeza de haber topado con su príncipe azul.
La primera vez que lo vio fue tras una actuación en el Teatro Principal. Piotr esperó junto a su camerino y, al verla salir, le ofreció un ramo de rosas blancas incontables y una sonrisa silenciosa, después de la cual desapareció hasta una semana más tarde, en que se presentó de la misma manera para hacer exactamente lo mismo.
Las ayudantes de Miriam observaban con cierto recelo el extraño comportamiento de aquel hombre singular, y no dejaban de aconsejarle que se anduviese con cuidado. Entre tanto, uno de los técnicos de luces se enteró de que Piotr era un multimillonario soltero conocido por sus imaginativas excentricidades, característica que nadie supo etiquetar, pues igual podía ser positiva que todo lo contrario.
La tercera vez que Piotr acudió al teatro, provisto también de un gigantesco ramo de flores —en esa ocasión se trataba de rosas rojas—, no solo esperó a la salida del camerino, no solo le ofreció a Miriam sus flores sino que, además, habló con ella para felicitarla por su fastuosa interpretación y declararle su más rendida y eterna admiración.
Halagada hasta el no va más, Miriam ansiaba que llegara el momento en que Piotr la invitara a cenar, a compartir unas horas con él. Lo habría invitado ella, pero era orgullosa como todas las divas y temía llevarse algún chasco, de modo que prefirió esperar.
Piotr siguió visitándola con el mismo ritual cada vez: la espera, la entrega de flores, las lisonjas. Miriam llegó a salir al escenario impaciente por acabar la obra y ver si, aquel día, se producía al fin algún cambio. Piotr ocupaba todos sus sueños, tanto los que tenía dormida como los que la invadían despierta.
Por fin una noche, al salir al escenario, Miriam se percató de que solo había un espectador. Supo inmediatamente que se trataba de Piotr. Se entregó como nunca a su arte. No le cabía ninguna duda de que su admirador había por fin decidido expresarle sus sentimientos.
Pero no fue así. Tras aquella mágica noche en que no hubo declaración ni petición alguna, Piotr siguió siendo, nada más, el gran espectador —así lo habían bautizado en la compañía—. Se convirtió en el platónico amor de Miriam quien, despechada no se sabía muy bien por qué, se casó con otro hombre que jamás acudió al teatro a verla actuar. Ya se sabe que la persona junto a la que alguien se pasa la vida no siempre es la misma que consigue llegarle al corazón.
Titular: «Un multimillonario serbio adquiere el aforo completo del mayor teatro belgradés para asistir a solas a la actuación de una artista».
Flavia Company, Trastornos literarios, Páginas de Espuma, Madrid, 2011, pp. 253-254.
lunes, 5 de diciembre de 2011
:/
a veces triste
a veces un poquito más feliz
creo que es parte de esto...
Que no me den excusas, que me den razones o puedo caer en el mismo error
Y una vez dije que si se olvida no se aprende, porque no se debe olvidar si no superar.
a veces un poquito más feliz
creo que es parte de esto...
Que no me den excusas, que me den razones o puedo caer en el mismo error
Y una vez dije que si se olvida no se aprende, porque no se debe olvidar si no superar.
domingo, 4 de diciembre de 2011
No me juzgues sólo recuerda que por amor se toman las decisiones,y créeme que esta es la mejor.. no importa mucho si me detestas o no... lo que pienses de mi no va a cambiar mi verdad interior, porque yo soy yo.
Pues necesito una persona más valiente que no me diga lo que siente cuando está en estado de ebriedad y que su cariño dure hasta el amanecer...
(like a perro abandonado con el corazón chiquito)
Pues necesito una persona más valiente que no me diga lo que siente cuando está en estado de ebriedad y que su cariño dure hasta el amanecer...
(like a perro abandonado con el corazón chiquito)
Aunque no lo puedas ver
Volver a casa siempre fue salvarme un poco
Noviembre llega recordándome tus ojos
Te hecho de menos y hoy he roto mi condena
no existen dudas pero tu ya no me esperas...
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