jueves, 18 de julio de 2013

Los enamoramientos.

"En toda relación desigual y sin nombre ni reconocimiento explícito, alguien tiende a llevar la iniciativa, a llamar y a proponer encontrarse, y la otra parte tiene dos posibilidades o vías para alcanzar la misma meta de no esfumarse y desaparecer enseguida, aunque crea que de todas formas será ese su destino final. Una es limitarse a esperar, no dar nunca un paso, confiar en que pueda añorársela y en que su silencio y su ausencia resulten insospechadamente insoportables o preocupantes, porque todo el mundo se acostumbra pronto a lo que se le regala o a lo que hay. La segunda vía es intentar colarse con disimulo en la cotidianidad de ese alguien, persistir sin insistir, hacerse sitio con pretextos varios, llamar no a proponer nada - eso está vedado aún - sino a consultar cualquier cosa, a pedir consejo, o un favor, a contar lo que nos ocurre -la manera más eficaz y drástica de involucrar- o a dar alguna información; estar presente, actuar como recordatorio de uno mismo, tararear en la distancia, zumbar, dar lugar a un hábito que se instala imperceptiblemente y como a hurtadillas, hasta que un día ese alguien se descubre echando en falta la llamada que se ha hecho consuetudinaria, siente algo parecido al agravio -o es la sombra de un desamparo- e, impaciente, levanta el teléfono sin naturalidad, improvisa una excusa absurda y se sorprende marcando él.

Yo no pertenecía a ese segundo tipo atrevido y emprendedor, sino al primero callado, más soberbio y más sutil, pero también más expuesto a ser borrado u olvidado con prontitud (...).
Que yo no estableciera contacto con él no significaba que quisiera evitarlo, ni que me hubiera decepcionado (...). Que yo no diera señales de vida no significaba que supiera nada de eso ni nada nuevo de él, mi silencio no me traicionaba, todo era como siempre durante nuestra breve frecuentación, dependía de que él sintiera vaga añoranza o se acordara de mí y me convocara a su alcoba".

De "Los enamoramientos", Javier Marías.

lunes, 1 de julio de 2013

Ni tarde que temprano.

Te amo en este momento porque sé mejor que nadie que nada dura para siempre, que todo lo algún día dicho es olvidado, que todo lo algún día dado es tirado, que las personas cambian constantemente, que la vida se mueve a una velocidad peculiar haciendo que todo se vuelva pasado en el segundo siguiente. Te abrazo a mi en este momento que tu estas aquí y nunca, pero nunca me voy a quedar con las ganas de hacerlo más al rato. Trataré a medida de lo posible de dejarte claro y no dejar escapar la oportunidad para demostrarte lo que siento, para no extrañar. Por que en la retrospectiva algunas "chances" desaprovechadas calan y cuando no, llenan de impotencia por no haber sido más valiente o por lo menos haber tenido el impulso para hacerlo. Como bien dijo Gabriel García… "Nadie te recordará por tus pensamientos secretos"
Ahora. No pasado. No mañana. No en "un ratito más". No el minuto siguiente. 
                                                       ¡Ahora!