Yo quería ser la primera en verlo. Nadie me lo iba a impedir, la primera
en darle un abrazo de bienvenida, la primera en hacer un brindis por su
nueva etapa. La primera con la que supiera que podía contar con ella.
No ya no me gustaba, no, definitivamente no.
Pero entonces lo vi caminando
hacía a mí en el estacionamiento y me sentí como una triste suspención
de un carro cuando pega en un tope pasando lentamente y raspando toda la
plataforma.
Sentí amor, sentí dolor, sentí miedo y sentí calor. Me
salió una sonrisa rota, pero estaba felíz parada al lado de mi puerta,
siendo de nuevo la primera. Nos abrazamos, rápido, de esos abrazos que dicen "hey, que gusto
verte", casual, pero la verdad es que no quería volver a soltarlo,
nunca, nunca más.