Está vez había una chica rubia en la tina del baño,
junto a un hombre en la bañera.
El hombre le leía un relato,
algún cuento, o tal vez algo de horror.
Mi sueño dorado sin duda,
era que alguien leyera para mí.
Algo de la vida, del camino, de la fe, del amor,
que me hablara de lo bien o mal que he hecho las cosas.
Alguien como él. A quién extraño en cada desvelada
Quien me falta cada madrugada, cada anochecer
Donde las despedidas duelen un poco y se prolongan hasta volverlo a ver.
Soy muy descarada, lo sé.
Me llama Aurelia ese tal Gerardo de Nerval,
piensa que los golpes me duelen, sin saber que soy insensible
fingo demencia y trato de echarle la culpa.
Me rio fuerte, con una risa espantosa
que a nadie gusta, que a nadie seduce
¿Pero a quién le importa?
Si yo no sé su nombre y el me llama Aurelia.
Aurelia, Aurelia me llama con su cálida voz,
acudo sin importar que quiera,
si es Whisky o algo de Ron.
"Será que estoy medio hebreo, yo también adoro soñar"- Dijo después de llamarme Aurelia, una vez más.
Estábamos en la tina de baño,
y nos empezamos a besar.
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