jueves, 17 de junio de 2010

Los rayos del sol iluminaban cortas extensiones de arboles a la orilla de la carretera, no era un día especial, pero era uno nuevo como cada mañana que todo puede suceder, un día como cualquier otro, pero sin duda de reencuentros… de vuelta a la escuela, de vuelta a las tareas. Mientras ahora mi hermana ocupaba un lugar que antes estaba vacio, me concentraba en las imágenes desdibujadas de los arboles, mirando de vez en cuando unas cuantas nubes, por los que el sol salía tímido. Llegamos al blanco edificio. Me apresure por saber donde había quedado mi nuevo salón.

….
Necesitaba salir de ahí, no con urgencia, pero solo sentí la necesidad de salir, crucé el puentecillo de concreto y baldosas relucientes.

-¡Miriam! -Acto seguido. Giré hacia la voz salude a “D” quien me cuestiono acerca de mi salón y mis vacaciones.
Tome una bocanada de aire, desviando mi mirada hacia un espejo grande y recorrí los contornos de las letras pintadas en azul marino “dirección” Una cara pálida me distrajo al mismo que llamaba toda mi atención… mientras las palabras de “D” se volvían un pequeño susurro. Mi mente adormecida seguía aquella figura alta, el tiempo que tardaba en recorrer la corta distancia me parecía una eternidad. Cuando la figura desapareció tras el espejo… Sentía como el flujo de sangre subía a mis mejillas

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