viernes, 25 de junio de 2010

A media luz


La luz que se cuela entre las ventilas toca a mis ojos, haciendo que mis parpados con un dejo de pesadez se abran. Me llevo un brazo hacia mi frente, luego peiné mi fleco desacomodado. Inmóvil me quedé mirando el ventilador blanco de techo. Me hago consciente de mi entorno. Una pierna aquí. Otra allá. Un brazo rodeando mi cintura. Miro su cuerpo y trato, sin mucho éxito de recordar la noche anterior.Y eso que en mi mente vagaba el pensamiento que no había el dinero suficiente para excesos.Quite su brazo con el cuidado de no despertarlo. Me deslicé agilmente al borde de la cama. ¡Demonios! pisé sus lentes. Recorrí con mi mirada el piso de la habitación. Nada interesante. Lo habitual; colillas de cigarro, empaques de chicle, ropa, zapatos, y sus estúpidos lentes justo debajo de mis pies.Me vestí. Enseguida fui al baño... miré en el espejo mi rostro, mis ojos tenían el efecto tiznado del delineador. Me lavé la cara. Regresé al cuarto. Busqué la cajetilla de cigarros en su chaqueta.Vacia. Busqué en la otra bolsa, encontré sólo uno. Lo encendí tan pronto como me subí a la azotea. La azotea era mi lugar favorito de la casa, de esa casa pequeña que habíamos rentado apenas escasos 5 meses. Bueno que él había rentado. Él 18, yo 17. Jugaba con el humo que salía de mi boca y a veces de mi nariz. Me tumbé un rato, mirando el cielo y pensando ; ¿Qué coños estaba haciendo?

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