Su cara estaba otra vez lejos, con un tinte gris y apagada. Daba la impresión de viejo y enfermo y descontento.
Pero también aquel día regresó por la noche triste y digno de ñástima, me lo encontré debajo del abrigo, como más de cuatro veces. Me daba mucha lástima, ¡pero que vida tan impaciente, desolada y perdida era la suya!
Al fin era su elección...
Pero también aquel día regresó por la noche triste y digno de ñástima, me lo encontré debajo del abrigo, como más de cuatro veces. Me daba mucha lástima, ¡pero que vida tan impaciente, desolada y perdida era la suya!
Al fin era su elección...

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