A pesar de que una apática incredulidad pisa fuerte por mis venas, sigo creyendo en el mío. Sí, a pesar de todo, lo siento aquí a mi lado. Nunca me abandonó, sólo quedó callado mientras yo elegía mis caminos, pero vuelve siempre que mis rodillas se bloquean. Sopla en mi nuca y me susurra –vas bien, sigue adelante-, mientras va desempañando la niebla de mis ojos y me devuelve la mirada al paisaje de piedras preciosas que me rodean.
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